Hay que mirar adelante, donde el camino es confuso, desconocido; donde es difícil la decisión de seguir más allá. Es aquí donde muchos claudican, temen actuar y luchar. Temen volcar su mirada y el destino de su camino a lo desconocido. Abrazan y se aferran a lo conocido , a lo trillado, se aferran pues, al pasado mismo.
La decisión de cambio no radica en nuestros actos, sino en nuestra convicción. Cuan fácil es mentir a los demás, pero que insoportable es engañarse a sí mismo. Si las aspas del molino nos arrastran , que no sea al fango, sino a las estrellas, al horizonte, donde no existen dioses ni amos, donde no existen paraísos ficticios ni tormentos perennes. Esos, son solo elementos de control para limitar nuestro pensar.
No hay que coartar nuestros actos a lo que nuestros ascendientes, engañados; creen y etiquetan como “bueno o malo”. Seamos capaces de tomar nuestras propias decisiones, y por ende, nuestras propias responsabilidades. Ya que al igual que cometemos errores, también logramos triunfos. Y como el primero, el segundo, es de igual forma, gracias a nosotros mismos, y no gracias ningún ser divino. ¿Por qué cuando fracasamos nos culpamos tan severamente? Y ¿por qué cuando algo nos resulta bien o conseguimos algún triunfo, decimos que es obra de una divinidad?. ¿estamos tan acostumbrados a su bajarnos?. Aceptemos nuestros triunfos como nuestras derrotas. No nos rebajemos nosotros mismos ante nuestros logros. No nos subestimemos, si nos proponemos algo, somos tan capaces y fuertes para conseguirlo, todo depende del valor y la determinación con la cual luchemos para conquistarlo. Si aun antes de intentarlo asumimos el fracaso, y peor aún, el gran cáncer de todo sueño, el miedo; jamás hermano mío, abrazaremos la verdadera felicidad.
Si crees que tus sueños son imposibles, tranquilo, no eres el único que piensa eso, voltea a tu alrededor, somos muchos soñadores como tú. Y al igual que tú, yo también alguna vez pensé lo mismo, y descubrí que quizás si existen los imposibles, pero solo en cierto punto de la vida, en un fragmento histórico de nuestra propia existencia. No te digo ni te invito a la resignación ¡eso nunca!. La resignación es la felicidad a la que se aferran los débiles y los cobardes. Si crees que algún sueño es imposible en este momento, sereno, no desesperes, tan solo lucha por abrirte paso poco a poco, hasta lograr divisar nuevamente el camino de aquel sueño que creíamos imposible, y retomemos la convicción y el coraje que nos impulsa a alcanzarlo.
Entonces, que lo imposible sea tan sólo un obstáculo que nos ayude a pensar y crecer, y no una concepción que nos limite a luchar. ¡Nunca te resignes... nos vemos en las estrellas!
La decisión de cambio no radica en nuestros actos, sino en nuestra convicción. Cuan fácil es mentir a los demás, pero que insoportable es engañarse a sí mismo. Si las aspas del molino nos arrastran , que no sea al fango, sino a las estrellas, al horizonte, donde no existen dioses ni amos, donde no existen paraísos ficticios ni tormentos perennes. Esos, son solo elementos de control para limitar nuestro pensar.
No hay que coartar nuestros actos a lo que nuestros ascendientes, engañados; creen y etiquetan como “bueno o malo”. Seamos capaces de tomar nuestras propias decisiones, y por ende, nuestras propias responsabilidades. Ya que al igual que cometemos errores, también logramos triunfos. Y como el primero, el segundo, es de igual forma, gracias a nosotros mismos, y no gracias ningún ser divino. ¿Por qué cuando fracasamos nos culpamos tan severamente? Y ¿por qué cuando algo nos resulta bien o conseguimos algún triunfo, decimos que es obra de una divinidad?. ¿estamos tan acostumbrados a su bajarnos?. Aceptemos nuestros triunfos como nuestras derrotas. No nos rebajemos nosotros mismos ante nuestros logros. No nos subestimemos, si nos proponemos algo, somos tan capaces y fuertes para conseguirlo, todo depende del valor y la determinación con la cual luchemos para conquistarlo. Si aun antes de intentarlo asumimos el fracaso, y peor aún, el gran cáncer de todo sueño, el miedo; jamás hermano mío, abrazaremos la verdadera felicidad.
Si crees que tus sueños son imposibles, tranquilo, no eres el único que piensa eso, voltea a tu alrededor, somos muchos soñadores como tú. Y al igual que tú, yo también alguna vez pensé lo mismo, y descubrí que quizás si existen los imposibles, pero solo en cierto punto de la vida, en un fragmento histórico de nuestra propia existencia. No te digo ni te invito a la resignación ¡eso nunca!. La resignación es la felicidad a la que se aferran los débiles y los cobardes. Si crees que algún sueño es imposible en este momento, sereno, no desesperes, tan solo lucha por abrirte paso poco a poco, hasta lograr divisar nuevamente el camino de aquel sueño que creíamos imposible, y retomemos la convicción y el coraje que nos impulsa a alcanzarlo.
Entonces, que lo imposible sea tan sólo un obstáculo que nos ayude a pensar y crecer, y no una concepción que nos limite a luchar. ¡Nunca te resignes... nos vemos en las estrellas!

No hay comentarios:
Publicar un comentario